Los árboles son un factor muy importante en el diseño de jardines que no debe descuidarse. Imprescindibles en cualquier jardín, por pequeño que sea, proporcionan sombra, intimidad y frescor, a la vez que protegen a las plantas más pequeñas del frío y de las corrientes de aire.
El aspecto y la forma de las ramas de un árbol es una cuestión tan elemental como su tamaño. A la hora de definir y estructurar el terreno disponible, se puede crear con ellos puntos de atención y delimitar zonas de un modo casi arquitectónico. Para que embellezcan el jardín todo el año, según los expertos en paisajismo y jardinería, se deben combinar las distintas especies y estudiar previamente cuáles son sus variaciones estacionales.
Las coníferas
Las coníferas suelen tener las hojas de color verde o agrisadas, aunque, algunas (como los cedros japoneses), adoptan atractivos tonos bermejos y ocres durante el invierno.
Como elemento estructurador, logran dar verticalidad a pequeñas zonas del jardín. Se pueden utilizar como si se trataran de pequeñas columnas aisladas o en grupo, porque la silueta de su copa es piramidal, cónica o redondeada.
Un aliciente para plantar coníferas es que no requieren mayores tareas de jardinería, pues necesitan poco riego y la poda de sus ramas tampoco resulta complicada.
Árboles de hoja perenne
Preferidos por quienes se dedican al paisajismo y al particular diseño de jardines, éstos aportan al jardín sensación de vivacidad a lo largo de todo el año y el aspecto de sus ramas es muy atractivo porque tienen distintas tonalidades de verdes. Hay una gran variedad de especies, incluyendo algunos frutales. Un modo de lograr variedad puede ser elegir árboles perennes de hojas más anchas (como el árbol de las orquídeas o los cítricos) y combinarlos con otros de hojas más estrechas (como las de la mimosa común). Un buen diseño de jardines y un resultado dinámico se consigue alternando la altura de cada especie.
Errores que no se deben cometer
- No se debe plantar los árboles juntos, sin prever que necesitarán espacio para crecer.
- Es mejor no comprar árboles muy crecidos: son más caros, se adaptan con dificultad y tardan más en enraizar. Algún especialista en jardinería sabrá indicar qué tamaño deberá tener el espécimen al momento de la compra, según las necesidades.
- Si se plantan árboles con raíces poco profundas cerca de una casa (sauces, abedules, álamos), pueden, al desarrollarse, dañar los muros y tuberías.
- Junto a la piscina o estanque, se recomienda evitar situar árboles de hoja caduca que ensuciarán constantemente el agua.
Al momento de elegir el árbol hay que analizar las condiciones del jardín para asegurarse de que la especie seleccionada se va a adaptar bien al hábitat. El clima de la zona, la tierra y la forma del árbol son factores a tener en cuenta.
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